Mis queridísimos jóvenes:


Es la primera vez que tengo la oportunidad de escribirles como Rector Mayor a todo el MJS del mundo, con ocasión de la gran fiesta de Don Bosco, mucho más especial en este año por estar celebrando el Bicentenario de su nacimiento.

Con mucho gusto continuo la tradición que en los últimos años ha instaurado nuestro querido Rector Mayor, hoy Emérito,  el P. Pascual Chávez Villanueva, puesto que es una hermosa tradición y una espléndida oportunidad para estar en comunicación con ustedes en todos los lugares de nuestro mundo salesiano. Y he elegido como título de este mensaje las bellas y fuertes palabras que leemos en la primera carta de San Juan:

Les escribo a ustedes, jóvenes,
porque son fuertes
y la Palabra de Dios 
permanece en ustedes” (1Jn 2,14)


El motivo de esta elección es que me parece una bellísima concreción de la llamada que hoy les hace el Señor Jesús a cada uno de ustedes, y que sin duda Don Bosco, con su genialidad educativa, habría sabido convertir en desafío y meta de la vida cotidiana para sus jóvenes.

Mis queridos jóvenes: no puedo ocultarles esta mi profunda convicción: El Señor, Jesús de Nazaret, Hijo del Padre, es el camino auténtico para la verdadera felicidad de cada uno de nosotros, de cada uno, cada una, de ustedes. Y como les dijo el Papa Francisco a ustedes, jóvenes:

“Jesús nos invita a seguirlo, a recorrer con Él un camino de amor,
el único que lleva a la vida eterna.
No es un camino fácil, pero el Señor nos asegura su gracia,
y nunca nos deja solos...

Si abrimos la puerta a Jesús, si dejamos que Él esté en nuestra vida,
si compartimos con Él las alegrías y los sufrimientos, 
experimentamos una paz y una alegría que solo Dios, amor infinito, puede dar”.


1. Les escribo a ustedes porque son fuertes

Mis jóvenes queridos, esta es una  afirmación de la Palabra de Dios, que dista mucho de ser una adulación o una palabra vacía. Es una afirmación que expresa, cómo en su Amor, nuestro Dios tiene la certeza de que ustedes son garantía para el Reino y para una Humanidad más justa y fraterna.
La seguridad de que será así está en la adhesión de cada uno de nosotros, de cada uno de ustedes a Jesucristo. De verdad, mis amigos y amigas que Él no será jamás un extraño si le dan cabida en su corazón. Es, y será para ustedes, la expresión más plena del Amor de Dios y el 'rostro humano de Dios' que desea su felicidad, la de todos y cada uno de ustedes, y que les interpela para ayudarles a crecer.

Nuestro amado Don Bosco concretaba esta llamada del Señor en cada uno de sus muchachos, al igual que haría hoy entre ustedes, ayudándoles a hacer un precioso camino de fe que les llevara a experimentar, de manera muy real, el amor de Dios en sus vidas.

Don Bosco creía ciegamente, plenamente, en ustedes jóvenes. Hacía de las inquietudes, esperanzas y alegrías de sus jóvenes (y de ustedes), las suyas propias, viviendo con sus jóvenes, en medio de ellos y para ellos, y haciendo realidad lo que era un don especial en él, el ser el hombre de la relación personal, del buen trato, de la amistad y del diálogo, que daba a sus jóvenes toda la confianza para ser en verdad 'fuertes' en el camino de la vida, fuertes en su fe, creyendo realmente en sus capacidades y posibilidades, creyendo que ustedes pueden ser, y deben ser, porque así lo quiere el Señor, los verdaderos protagonistas de sus vidas. 


2. Permítannos caminar con ustedes, entre ustedes, a su lado

Don Bosco descubrió con gran fuerza la paternidad infinita de Dios y fue permitiendo, en su libertad, que el Espíritu moldeara en él un corazón de padre de sus muchachos, un corazón repleto de confianza y gratitud, que le llevaba a darlo todo y darse a sí mismo del todo para sus jóvenes, con el mismo corazón del Buen Pastor de Jesús, atraído de una manera especial por los más pequeños y los pobres.

Al igual que Don Bosco, quienes hoy formamos este gran árbol que es la Familia Salesiana, quisiéramos caminar con ustedes, entre ustedes, a su lado, renovando nuestra amistad, trazando juntos un camino que nos lleva a todos, juntamente, a 'ser fuertes' (como nos pide la Palabra de Dios), a caminar juntos hacia los ideales del verdadero proyecto de hombre o mujer que Jesús nos ha mostrado.

Este caminar juntos va a significar que nos educamos recíprocamente, aportando cada cual el don de lo que somos; significa que nos obligamos a ponernos en marcha para seguir creciendo, prestando atención, simpatía e interés hacia el otro, la otra, comprometiendo esos anhelos, deseos y esperanzas que llenan de sentido sus vidas jóvenes, y las nuestras,  como respuesta a la invitación siempre actual y renovada que nos hace el Señor, de ser de los suyos, de ser sus discípulos.

Y en este ser jóvenes de hoy, creyentes, discípulos y misioneros de Jesús, como nos pide el Papa Francisco, yo les invito, jóvenes queridos, a beber en la fuente de la espiritualidad salesiana, que de una manera concreta les llevará a Jesús, tocando más de cerca el corazón de Don Bosco.


Esta espiritualidad, como con Don Bosco, atrae a los jóvenes más allá de su persona, hacia Dios. Es este un deseo del corazón pastoral de quienes  deseamos caminar con ustedes, a su lado: apostar por la  fe con la convicción de que en ella Jesús de Nazaret ofrece, nos ofrece a todos, un camino que lleva a la plenitud. Esta espiritualidad juvenil salesiana que les proponemos descubrir y vivir juntos, es una espiritualidad de lo cotidiano, un cotidiano que se inspira en Jesucristo, persona en la que ustedes, jóvenes,  reconocen la presencia de Dios, y en quien pueden vivir su realización personal.

 

Es también una espiritualidad de la alegría y el optimismo, que no rehuye el esfuerzo y la responsabilidad, pero que mira esperanzadamente la vida.

Es la espiritualidad de la amistad con Jesús el Señor, y que en la comunión eclesial ofrece la oportunidad de crecer y madurar en la fe. Y es, finalmente, una espiritualidad del servicio y donación a los demás en lo cotidiano y en lo sencillo. Esta es la vivencia salesiana que se fundamente en una convicción gozosa y fundamental a la vez: en la vida ordinaria, en el día a día, en la cotidianeidad, podemos encontrar al Señor.


Termino estas palabras, mis queridos y queridas jóvenes, expresándoles lo mismo que haré, en breve, en Valdocco ante la Auxiliadora. Les confiaré ante Ella, pondré, desde el corazón, mi intención y pensamiento por cada uno, cada una de ustedes, aún sin conocernos todos todavía. Sin duda que la Madre les acompañará con su ternura, y les ayudará en este camino hacia el Encuentro con el Señor, y el encuentro con los demás jóvenes y aquellos que también a ustedes les necesitan.


Con verdadero afecto les saluda,

Ángel Fernández Artime, SDB
Rector Mayor

Documento del Mensaje del Rector Mayor al MJS - 2015
MENSAJE A LOS JÓVENES DEL MJS 2015.docx
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